Josep Maria Polls, jefe de estudios y, me atrevería a decir, factótum de nuestra escuela, nos da su visión personal sobre el Saló del Cómic, basada en la experiencia y saber hacer acumulado a través de muchos años y en el conocimiento de primerísima mano del duro combate diario de varias generaciones de autores de comic que han tenido que emigrar profesionalmente para vivir dignamente de su profesión. Sin más, con ustedes, Josep Maria Polls:
“Hablar de forma objetiva sobre el Salón se me hace difícil, por no decir imposible. Me puede una gran cantidad de pasión y en cierta medida un comedido corporativismo al que debo de aferrarme para seguir creyendo que lo que ocurre esta bien que ocurra, aunque podría ser mejor…Sigo y me explico. No se si fue el jueves o el viernes (en el momento en que escribo se me agolpan y confunden los días y los acontecimientos en este ya gastado cerebro que soporto desde el siglo pasado) cuando el reportero de una de las muchas emisoras de radio que cubrían los actos del Salón, se me acercó para preguntarme que qué me parecía el nuevo impulso que, desde el Estado, se le estaba dando al cómic refiriéndose, en concreto, al cacareado Premio Nacional del Cómic…
¿Qué que me parecía?
Y que me va a parecer, pues que muy bien…Que antes no lo teníamos y que ahora si, que es un paso adelante, que es mejor que no hacer nada…
Y no mentía, aunque tengo la sensación de que ese premio es como ponerle un único fideo a un plato de sopa hecha con agua y una pastilla de caldo hidrofilizado. Sabor tiene, llenar llena y cuando píllas el fideo
puedes incluso creer que estás a punto de degustar uno de los experimentos culinarios de Ferrán Adriá, o sea que has comido en el mejor restaurante del mundo.
En fin que morirte de hambre no te mueres y si le pones un poco de imaginación, pues el Nirvana.
Con el Salón y en general con el cómic profesional de este país me pasa lo mismo. Durante el año no dejas de pensar que trabajas en un medio que se debate entre la admiración, el elogio popular y de algunos medios y una lacónica, escuálida, realidad profesional, enquistada en la autoindulgencia.
Hasta que llega el Salón…
Durante cuatro días, lo que era una calabaza ahora parece una carroza, lo que un espejismo, una sólida realidad.
Pienso; ¿Cuánta necesidad tenemos de que sea así? ¿Cuanto ponemos de nuestra parte para que sea y no solo lo parezca?
No os equivoquéis, sin duda alguna El Salón del Comic de Barcelona es de lo mejor que nos ocurre durante el año. Un evento que ha adquirido la mayoría de edad y ha conseguido, gracias al esfuerzo de todos los que en él se implican (El primero, Carles Santamaría y su equipo) almacenar más elogios que críticas, cuando hasta hace bien poco sucedía exactamente todo lo contrario.
Presencia de autores nacionales e internacionales, de editores extranjeros, un mar de novedades, encuentros, charlas, clases…Lo siento, no hay ninguno comparable en toda la geografía nacional.
No sé, puede que todo esto sólo me lo parezca a mi, pero es que ¡Hay tanta diferencia entre comerse el caldo solo y el día que lo pillas con fideo!”